Hablando de resolución de conflictos


¿Quién no ha tenido conflictos en su vida? ¿Quién no ha tenido, tiene o tendrá discusiones, desavenencias, enfados, con los demás? Los conflictos, inevitablemente,  forman parte de nuestras relaciones con los demás: con  la familia, en el trabajo, con la pareja, con los amigos…

 

De los conflictos no solo se sacan cosas negativas, al contrario, los conflictos, si queremos pueden ser una fuente de aprendizaje: podemos ver otros puntos de vista, esforzarnos en potenciar los nuestros, aprender a ver como somos y como son los demás… Lamentablemente, en los conflictos nos solemos centrar únicamente en los aspectos  y las consecuencias negativas: la rabia, la tristeza, el miedo…. que nos surgen de la discusión.

 

Habitualmente, a la hora de abordar los conflictos las herramientas que utilizamos no son las más adecuadas, las que mejor nos sirven para dar una solución al conflicto, al contrario, las que utilizamos nos sirven para aumentar el conflicto, para prolongarlo y nos causan las consecuencias negativas que se mencionaban antes: miedo, rabia, tristeza, odio o baja autoestima.

 

Los conflictos que surgen dentro del hogar: con la familia, la pareja, los hijos, suelen ser muy dolorosos; quizá, esto sea debido a que consideramos nuestro hogar un lugar seguro, el lugar donde dejamos atrás los otros conflictos de la vida, los de trabajo, estudios, amigos, etc. El lugar donde esperamos encontrar apoyo, comprensión e incluso ayuda.

 

¿Y cómo podemos resolver los conflictos? ¿Cómo podemos resolver esas diferencias que tenemos con  los otros? Algunos aspectos básicos son: tener una gran apertura a sentir y definir lo que estamos sintiendo, tener confianza en los demás y en nosotros mismos, creer que se puede resolver el conflicto y sobre todo mucha asertividad. Asertividad para saber expresar  lo que sentimos y asertividad para saber escuchar lo que el otro siente.

 

A la hora de solucionar un conflicto interpersonal se deben seguir unos pasos o superar unas etapas. Estos se pueden resumir en:

 

  • Reconocer, identificar y aceptar nuestras emociones. Para esto, necesitamos hacer una observación objetiva de la situación y mirar que es lo que hemos sentido en ese momento, que nos ha causado ese sentimiento, porque y ante que hemos reaccionado como lo hemos hecho. Y aceptar que la situación ha sido tal como ha sido. A menudo no aceptamos como hemos reaccionado, por ejemplo puede pasar que temamos que si hemos reaccionado con rabia y violencia es porque somos violentos; si reaccionamos con temor somos miedosos; o si no hemos reaccionado somos dóciles. Es necesario que hagamos un esfuerzo por vencer el miedo de mirar la situación tal como ha sido, con nuestra parte de responsabilidad.
  • Reconocer, identificar y aceptar los sentimientos y emociones de los demás. Si ya nos resulta difícil reconocer nuestras emociones, más difícil todavía nos resulta reconocer las de los demás, sobre todo, porque en los conflictos tendemos a ver lo malo que han hecho los otros y lo bueno que hicimos nosotros. Entonces, con esta visión tan sesgada ¿Cómo vamos a darnos cuenta de los sentimientos de los otros, siendo ellos “los malos”?.  Es complicado dentro del conflicto intentar ver que es lo que le está pasando en ese momento al que consideramos nuestro rival, pero hemos de tomar esa distancia emocional con el conflicto y pararnos a mirar que es lo que le está pasando y porque se ha dado tal situación. 
  • Expresar lo vivido y sentido.  Expresar como hemos vivido la situación, como la hemos interpretado,  que sentimientos nos han surgido y proponer de manera serena cambios para el futuro. Ante el conflicto solemos centrarnos en buscar culpables y nos perdemos en una lucha tanto interior como con los otros, tratando de demostrar que quien está equivocado es el otro.
  • Escuchar lo vivido y sentido por la otra parte. La escucha debe ser activa, intentado entender como lo ha vivido la otra parte, como ha sentido la situación y lo que nosotros hemos hecho. Y fundamental, no buscar culpables sino centrarse en los hechos y sentimientos que se han despertado.

Para llevar a cabo estos pasos, hay que estar atento de llevarlos a cabo de una forma que no alimente más el conflicto y hacerlo de la manera que mejor nos sirva al interés de resolverlo. Para ello hay que tener cuidado en algunos aspectos como:

 

  • Buscar el ambiente y el momento adecuado para conversar sobre el conflicto. No debemos hablar del conflicto cuando estamos aun enfadados, o en medio de la discusión.
  • Respetar al otro cuando habla y no hablar hasta que no haya terminado de exponer sus argumentos. Si pensamos que hay puntos que aclarar, no interrumpir, tenerlos en cuenta para cuando llegue nuestra turno de hablar
  • No especular ni intentar adivinar lo que el otro piensa o cual fue su intención: debemos preguntárselo.
  • Debemos evitar las ironías, los sarcasmos, las descalificaciones.
  • A la hora de expresar nuestras necesidades tenemos que cuidarnos de no utilizar un tono, ni un lenguaje verbal y no verbal que pueda ser interpretado como provocador o agresivo. Evitar provocaciones, acusaciones y recriminaciones de otras situaciones o conflictos pasados, que no tienen nada que ver con el actual. En caso de que haya temas pendientes de otras situaciones tenerlos en cuenta para hablarlos en otro momento.
  • Hacer preguntas o sugerencias más que acusaciones o reclamaciones de lo que el otro hizo o no hizo, ya que esto vuelve a alimentar la discusión.
  • Decir lo que el otro hizo  y no de lo que es. Por ejemplo, decir que el otro se comporto de una manera violenta es muy distinto a decir que el otro es un violento.
  • Hay que intentar ser objetivos y mirar que parte del conflicto es responsabilidad nuestra y aceptar y reconocer esa parte de responsabilidad.
  • Preguntar al otro que se puede hacer para mejorar el conflicto y proponer nosotros cuáles son nuestras soluciones.

Los conflictos son más fáciles de resolver si somos capaces de seguir estos pasos y seguir estos pasos es fácil si encontramos una alta motivación para resolver nuestras diferencias con los demás, si logramos poner en práctica la asertividad y hacemos uso de unas buenas habilidades sociales a la hora de transmitir y recibir lo que tanto nosotros como los demás estamos percibiendo.